Salir de la zona de confort


Oiga, ¿de qué va esto?¿De pegar una patada a todo lo que me hace la vida confortable? ¿De dar un giro de 180º a mi vida, coger una mochila y pirarme a vivir a Alaska o al Tibet? A ver, a ver…¿no nos estamos pasando un poco? “Mira, es que estoy muy a gustito en mi cortijo y ahora no me viene bien salir.” Como una es muy cotilla, me puse a indagar más en esto del confort y en porque esa insistencia en tener que salir de donde me siento cómoda. Oiga, no empuje. Por definición: Confort nombre masculino Condiciones materiales que proporcionan bienestar o comodidad.

Según el coaching la zona de confort es un lugar mental limitante. Como es todo lo que ya conoces y dominas como hábitos, rutinas, actitudes y comportamientos, los coachers indican que limita a la persona. Vale, ya lo tengo más claro; sentir confort, que no debemos confundir con confortable [Todo aquello que conforta o anima] no es sinónimo de tener una vida plena y feliz. Pero puede confundirte. La zona de confort no es más que el conjunto de hábitos y rutinas en el que nos sentimos cómodos y nos da miedo cambiar. Nos gusta tenerlo todo bajo control y las situaciones nuevas pueden generar caos, incertidumbre y descontrol. Por el contrario, otros ven en el cambio una oportunidad de mejorar, aprender y superarse. Para algunas personas, es más importante preservar sus costumbres que adaptarse a lo nuevo. Por ejemplo, para algunos llevar a cabo una dieta es más difícil que para otros. Los cambios de hábitos alimenticios pueden generar resistencia, ansiedad o molestia. Modificar ciertas costumbres es enfrentar y superar la resistencia al cambio. Salir de tu “zona de confort”. Experimentar, comparar, y aprende situaciones y cosas nuevas son procesos necesarios que se deben realizar, por mucho que no desees salir de tu rueda de hámster. Que no se trata de irte a vivir al Tíbet, no. Menos mal, ya me estaba agobiando el tema; viajar, conocer nuevas personas o probar una nueva comida, es salir de tu zona de confort. Pequeñas cosas que hacen que tu área de comodidad se expanda, que ambas se hagan más grandes, lo aprendido y lo nuevo. Además, lo aprendido se acumula y no se pierde. Después está la zona donde estarían los sueños, ahí sí que nos entra el pánico. ¿Cambiar mi trabajo estable y seguro por perseguir un sueño? ¿ Irme a Canada a salvar focas? Ay, Dios, ay Dios, que miedo. Para llegar a la zona mágica de los sueños es necesario que la tensión que genera miedo sea más débil que la fuerza creativa que genera motivación. Cuando el miedo supera al sueño es cuando no nos acojona saltar. Por lo tanto, se necesita desarrollar una visión personal, sentir que nace de las entrañas y arriesgar. ¿Da vértigo, verdad? Esta parte creo que en lugar de llamarse “ salir de la zona de confort” debería ser algo así como “salir de la zona que te tira de la sisa”, “ que harta estoy y que poco me quejo” o “que te aguante Rita” Resumiendo, que no siempre debemos movernos de donde estamos, si donde estamos es donde queremos estar. Pero no debemos acotar nuestra vida, limitar nuestros sueños o dejar de buscar nuevos caminos si cuando nos acostamos, y noche tras noche, escuchamos a ese pepito grillo que todos tenemos dentro que nos dice: “Por ahí no, amiga…Salta."

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