Receta reciclada, con efectos (positivos) secundarios.

Actualizado: 30 ago 2021


A lo largo de mi vida, me he encontrado con personas maravillosas.

Personas que sufren, atrapadas en amarres del pasado donde habitan la culpa, los complejos y los miedos.

Personas que disfrazan su pena con una sonrisa o con un gruñido de animal herido...

A esas personas fantásticas me gustaría decirles:


Toma Omega3, haz ejercicio y aliméntate bien.

Huye de todo aquello que suene a excusa, que huela a rancio. Escapa a toda leche del drama sin sentido y de la gente que lo provoca.

Borra de tu lista el número de teléfono de aquellas personas que no te respetan. Sean quienes sean.

Deja de pensar qué piensan los demás, de meterte en sus cabezas para adivinar como te ven desde su mirada distorsionada. Es su rollo, no el tuyo.

No alimentes más a ese enemigo que llevas dentro, que te boicotea y es tan cruel contigo. Sí, tú.

Pide ayuda si lo necesitas. Si te ves dando vueltas en círculos sobre tu propio embrollo sin encontrar salida, no esperes a tocar fondo. Ve a terapia, apóyate en las personas que puedan ayudarte y utiliza todas las herramientas necesarias para avanzar. Primero tú.

Quiérete sin tregua, mírate con ternura. (visualiza a la niña que fuiste y verás lo fácil que es quererte)

Rodéate de esas personas a las que no hace falta decirles que estén, porque están.

Cambia de plan ahora si crees que es necesario, sin mirar a los lados esperando la aprobación de nadie. Es tu camino, tu historia, tu vida. Recuerda que no eres un árbol.

Suelta eso que hace mucho que callas y ya no soportas mantener guardado porque te quema.

Haz lo que no harías nunca, pero deseas desesperadamente.

Recuerda que siempre te pasarán cosas que te romperán por dentro y no podrás evitar, pero que de ti dependerá cómo gestionarlo. Nada es para siempre, ni siquiera eso tan terrible que ahora te angustia.

Escucha a tu cuerpo. Es sabio.

Desconecta. Haz clic, como haces con tu pc, cierra las ventanas emergentes que se abren constantemente en tu cabeza y no te dejan dormir. Busca tus propios mecanismos para ello. Lee, medita, practica sexo... Lo que te sirva está bien.

Cuida y mima a ese puñado de seres maravillosos que amas como un tesoro, porque lo son. El amor siempre debe ser bilateral, si no no mola.

Párate y respira profundamente. Cada día. Varias veces.

Agradece todas las cosas buenas que hay en tu vida y la oportunidad de cambiar las que no lo son tanto y se te hacen bola.

Rescata del baúl de los recuerdos esas actividades que te hacían feliz y olvidaste; lee, estudia, escribe, pinta, dibuja, canta, baila o haz el pino puente. Diviértete.


Nada podrá ir a mejor si no vivimos cada momento de nuestra vida como el mejor, el único que tenemos. Así que ¿a qué esperamos?









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