El año que acaba



Se acaba el 2021 y toca hacer balance de este año extraño al que le quedan los días contados. Este año en el que, al inicio, juramos haber aprendido la lección. Entre confinamientos y cuarentenas nos había quedado clarinete que era lo que nos había enseñado la pandemia.

Nuestra escala de valores y prioridades separó lo importante de lo superfluo. Volvimos a apreciar la libertad, los abrazos, las risas, los amigos, la familia, el mar, los viajes, la solidaridad, la soledad escogida...Bueno...eso es lo que nos prometimos. Te juro que cuando esto acabe...


Si retrocedo 350 días atrás...poco ha cambiado. Todo se ha ido diluyendo con el paso del tiempo, con la falsa seguridad de las treguas que nos ha ido dando el virus. Y hemos recuperado, al menos en parte, todas esas cosas que no son esenciales en nuestra vida, pero que ocupan casi todo nuestro espacio y tiempo. Nos hemos vuelto a subir en la rueda de hámster.


Las prisas por llegar a sitios donde ni siquiera nos apetece estar, los enfados por cosas tan estúpidas que ni recordaremos mañana, el afán por acumular cosas que no necesitamos, la ira reprimida, el inconformismo, el vacío, el estrés, la frustración por no proyectar la imagen que creemos que los demás esperan de nosotros, sin importar, si esa imagen es la que nos importa.


Posponemos la vida, como si lo primero fuera purgar y después ya veremos si queda tiempo para vivir…

Pasa como cuando alguien de nuestro entorno fallece, que por un momento somos conscientes de lo vulnerables y frágiles que somos y que algún día, seremos nosotros los que diremos arrivederchi, byebye, hastaaquihemosllegao, y nos decimos eso de: "no somos nada...hay que vivir que son dos días". Y nos dura el tiempo que dura el funeral.


Pero mola mucho eso de tener propósitos, hacer listas de deseos, unos que se cumplirán y los que sabemos que no cumpliremos jamás pero que nos hace sentir bien imaginar que un día nos atreveremos…

Quemar en la hoguera de fin de año las cosas que nos hicieron daño, sacudirse la mierda acumulada en los zapatos, hacer limpieza de cajones, de números de teléfono que solo quedaron para ocupar espacio en nuestra agenda de contactos, recuperar esos otros que perdimos con el tiempo por falta de tiempo...

Prometer, una vez mas, que no perderemos la vida por desuso.

Nos falta, pero mientras tengamos vida, seguiremos intentando, cada uno a su manera, que vivir merezca la pena.


Gracias por leerme, comentar y compartir. :-)

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